Por eso, queridos navegantes, Roque ya carga con todas sus pertenencias y se va a su nueva casa:
la editorial Sieteleguas.
Primero estuvo en casa de Mar Pavón,
su primera madre, después le cuidé yo.
Le he puesto ropita, le he lavado y peinado y hasta le he regalado un montón de juguetes. Y aunque me ha dado un poquito de pena estoy contenta de que ya tenga vida propia, y muy pronto, la comparta con los demás.
Querido Roque ha sido un placer tenerte en casa para que me dejaras jugar contigo y con los pinceles.
¡Te quiero, enano! Nos vemos en unos meses.





























