¡Buenos días, navegantes!
Lo primero, pediros disculpas por haberos
abandonado esta semana.
Me estoy recuperando de unas anginas.
Me estoy recuperando de unas anginas.
Por eso también hago con un poquito de retraso,
esta entrada dedicada a Malala Yousafzai
y a todas esas niñas, jovencitas y mujeres
que luchan, simplemente, por poder ser.
No logro entender hasta dónde puede llegar la maldad humana.
Se me escapa. Y me aterra ver hasta qué grado de crueldad,
de perversión y de horror, pueden desembocar
la ignorancia y el ansia de poder.
Abrazo a todas estas niñas que tienen
que soportar a estos malnacidos.
Os abrazo porque sois gotitas de esperanza.
Vivimos en un mundo donde básicamente
globalizamos lo superficial.
¡Pues vaya porquería de globalización!
Debería existir una ética universal,
un mundo donde prevalezcan los Derechos Humanos
por encima del puñetero poder.
Qué pena pensar que esto que debería ser la esencia,
lo vemos ahora como una utopía...
Sé que todo parece desesperante a nuestro alrededor,
pero como siempre, me niego a la desesperanza.
Como he dicho en muchas ocasiones:
¡Somos fuertes y valeros@s!
Por el derecho a vivir libres.
Porque Malala, pronto, pueda coger sus libros
y volver a la escuela.
Un abrazo muy fuerte, querid@s navegantes.





























