
¡Buenos días, navegantes!
Vivo en el último piso de una casa antigua que solo tiene dos plantas.
En este tipo de casas los techos son muy altos lo que explica
por qué cuando subo las escaleras hasta el segundo,
la sensación es de haber subido al cuarto piso de una casa actual.
Por supuesto no tenemos ascensor, sería absurdo.
Hay días en los que subo las escaleras rauda y veloz,
ágil como una gacela (siempre me ha encantado esta imagen)
pero últimamente me cuesta un esfuerzo enorme.
Como la vida misma.
Y no, no es que esté negativa o pesimista,
solo es que hay días en los que me canso mucho.
No sé si os pasará a vosotros, pero últimamente tengo la sensación
de que para hacer lo mismo, todo me cuesta más esfuerzo.
Quizá me exijo más, quizá algunos trabajos
son más complicados, quizá sienta más responsabilidad
y un poquito de miedo a no llegar... No sé.
Pero, sin duda, lo que más me agota,
lo que a veces, más consume mis energías es
lo que me encuentro de puertas para fuera.
Siguiendo con el símil de la escalera:
Llevo una temporada en la que me parece
que estoy subiendo una escalera interminable
y espero a que de las puertas de algún descansillo
salga una amable vecina ofreciéndome un trozo de bizcocho
recién hecho que me dé fuerzas para seguir.
Y, aunque a veces, me encuentro
con esa vecina buena y generosa (porque gracias a dios existen),
de un tiempo a esta parte siempre hay un impresentable
que mientras saboreo ese rico bizcocho,
hace algún cometario a destiempo y me amarga el dulce.
¡Ay, madrecita, qué paciencia hay que tener!
:^)
Si algun@ os sentís identificad@ conmigo os diré
que creo que es mejor no agobiarnos, ir pasito a paso,
escalón a escalón y si tenemos que sentarnos un ratito
en uno de los tramos de la escalera,
pues nos sentamos y reponemos fuerzas.
Y cuando baje ese vecino ruidoso y desagradable,
yo me retiro a un ladito, dejo que pase, intento no escucharle,
casi no mirarle y ¡venga! a seguir subiendo
que hay mucho que hacer.
A ver si lo consigo, bueno, a ver si lo conseguimos.
Pero vamos, que si la comunidad quiere poner un ascensor,
a la ilustradora que aquí escribe no la importará :^D
A pesar de todo esto que os cuento,
me siento afortunada y feliz, que lo sepáis.
Pero me gusta contaros cosas.
Os deseo un domingo bonito, en casa,
abrigaditos, descansando tan ricamente.
Aquí, en Segovia hace frío. Ayer hasta nevó un poquito.
Esta mañana cuando he salido a correr
casi se me caen los dedos de las manos que parecían estalactitas.
Sí, estoy exagerando, pero no tanto ¡eh!
¡Se os quiere, navegantes!
(La ilustración pertenece al cuento de Carmen Gil
"La Caja de los agujeros" que saldrá próximamente)