¡Buenos días, navegantes!
¡Aaaaaaaaaaaah! ¡Qué frío!
¡Madre del amor hermoso!
Y llega más...
Sí, querid@s mí@s llegó la hora
del jersey de cuello vuelto,
de los calcetines gorditos, de guantes,
bufanda y calentadores.
Llegaron los días en que voy por la calle
deseando que inventen
un anticongelante para la nariz
que siempre colorada, lleva la delantera
al resto de mi cuerpo.
Llegaron los días en los que cuando estoy en la calle
y me llaman por teléfono, nunca me da tiempo a cogerlo:
Yo con los guantes, soy incompatible
con encontrar el teléfono en el bolso,
quitarme los guantes con soltura
y poner el dedo gélido y tieso
en la pantalla para descolgar.
Llegaron los días en que los pañuelos de papel
son mis grandes aliados.
Aquí en Segovia los días de frío, hace tanto,
que mientras voy por la calle debo repetirme:
-No hay dolor, no hay dolor...
Para relajar el cuerpo y no llegar a casa
con una contractura general.
Ay...
Pero cuando llegas a casa, da tanto gustito...
Ya hemos comprado leña.
Anoche encendimos la chimenea.
Y casi muero de la felicidad.
Abríguense navegantes
que no quiero verles constipados.
Mil besos.
(No sé por qué la ilustración sale con color grisáceo...
Realmente es muy luminosa.
El borde debería verse blanco.
Hoy la tecnología y yo no hacemos buenas migas).







































